El Sr. Gurdjieff y la Astrología

En el capítulo XXIII de «Relatos de Belcebú a su Nieto», el Sr. Gurdjieff realiza un análisis exhaustivo acerca de la astrología esotérica y de los astrólogos que la practicaban. Dice el Sr. Gurdjieff:
“Entre sus obligaciones fundamentales definidas también incluía que ellos, como nuestros Zerlikners, dentro de lo que entonces era denominado su ʽrebañoʼ tenían que aconsejar a todos los pares conyugales, de acuerdo a los tipos de aquellos pares, acerca del tiempo y forma del proceso del sagrado ʽElmooarnoʼ para el propósito  de una deseable y correspondiente concepción de sus resultados, y cuando tales resultados eran actualizados, o, como ellos mismos decían, ʽrecién nacidos,ʼ ellos debían confeccionar sus ʽOblekioonerishʼ el cual es lo mismo que lo que tus favoritos denominan ʽhoróscopoʼ, y más tarde ellos mismos o sus sustitutos tuvieron que –durante todo el período de la formación de los recién nacidos para una existencia responsable y de su subsecuente existencia responsable- guiarlos y darles las indicaciones correspondientes sobre la base de dichos Oblekioonerish y también sobre la base de las leyes cósmicas, constantemente explicadas por ellos, fluyendo a partir de las acciones de los resultados en general de otras extensas concentraciones cósmicas sobre el proceso de existencia del ser de los seres de todos los planetas.
“Estos antiguos Astrólogos terrestres combinaban exitosamente a estas parejas pues si aun estaban muy lejos del conocimiento de muchas verdades cósmicas Trogoautoegocráticas, no obstante al menos ya conocían muy bien las leyes de la influencia de los diferentes planetas de su sistema solar sobre los seres que se reproducían en su propio planeta, es decir, la influencia de esos planetas en un ser al momento de su concepción, para su ulterior formación, como así también para su completa adquisición del Ser de un ser responsable.
 
Si bien el Sr. Gurdjieff reconoce la influencia astral / planetaria sobre el destino humano, él claramente la acota como determinante al momento preciso de la concepción, es decir, cuando el óvulo se une al espermatozoide. De manera concomitante, el ritmo respiratorio y las impresiones de la madre en el momento de la concepción, determinan indeleblemente ciertas características del futuro ser humano. 
 
En la doctrina del Cuarto Camino que practicamos, quedan totalmente descartadas las teorías astrológicas que atribuyen alguna influencia a los astros en función del día y hora del nacimiento.
 
Por otra parte, es muy posible que el signo astrológico que se ha asumido como propio durante toda la vida no sea el que nos corresponde en realidad. Las fechas establecidas tradicionalmente para cada signo zodiacal no sólo parten de criterios arbitrarios, sino que además han sufrido a lo largo de la historia un importante desplazamiento temporal.
Los babilonios, una cultura mesopotámica que hace 3.000 años habitó la región comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates, dividieron el zodíaco en partes idénticas y determinaron para cada una de ellas una constelación. Dado que los babilonios ya poseían un calendario de doce meses (basado en las fases de la Luna), le atribuyeron a cada uno de los meses lunares un signo zodiacal en conformidad con el momento en que el Sol parecía atravesar dicha constelación.
Ya por entonces los mismos babilonios admitían la existencia de por lo menos trece constelaciones (otras culturas tenían hasta veinticuatro). Por lo tanto, al momento de asignarle a cada mes una constelación, les sobraba una que, por comodidad, prefirieron ignorar. Se trataba de la constelación de Ofiuco, el “cazador de serpientes”, considerado hoy el decimotercer signo zodiacal. No obstante, las arbitrariedades en que incurrieron los babilonios al moldear el zodíaco no culminaron ahí.
Además las constelaciones poseen distintos tamaños y formas, de manera que el tiempo que le toma al Sol cruzar cada una de ellas difiere en cada caso: mientras que desde la perspectiva de la Tierra tarda 45 días en recorrer Virgo, su travesía por Escorpio es de apenas 7 días.
Para acomodar las constelaciones a su calendario de doce meses, los babilonios eludieron esta situación como previamente habían ignorado antes a Ofiuco, y le asignaron a cada constelación un cantidad de tiempo similar.
El planeta Tierra se desplaza de manera similar a la de un trompo. Mientras que por un lado rota sobre su propio eje estableciendo con cada giro completo un día de 23 horas y 56 minutos, por otro lado realiza un movimiento que se conoce como «precesión de los equinoccios». (https://www.cuartocamino.com.ar/reencarnacion-recurrencia)
Este fenómeno de precesión, consiste en el movimiento del eje de rotación terrestre describiendo una figura cónica completa cada 25.920 años (equivalente a 12 meses zodiacales , cada uno ellos correspondiente a  2.160 años). Esto conduce a que con el tiempo se vaya modificando la posición que tienen las estrellas desde la perspectiva de la Tierra, y con ella las fechas en que se visualizan las constelaciones.
Algo similar sucede con la atribución de los días, ya que los signos pueden cambiar un mismo día, pero a diferente hora. Por otro lado, si bien cuando los babilonios definieron sus doce signos del zodíaco una persona nacida entre el 23 de julio y el 22 de agosto se encontraba dentro la constelación de Leo, hoy, 3.000 años después, al cambiar la posición de las estrellas por la orientación del eje terrestre (precesión de los equinoccios), esta persona ahora correspondería a Cáncer,  que es la constelación anterior que la precede.
Por todos estos motivos, nada mejor que prescindir de la Astrología convencional y de sus predicadores.