Esencia y Personalidad

La verdad en el ser humano es su Esencia. La Esencia es el hombre mismo en su expresión planetaria. No obstante, la Esencia está sepultada dentro de la Personalidad. La Personalidad en el Hombre es lo Falso, lo que no le es propio.

Es toda la máscara que aprendió en la vida diaria. La Personalidad está compuesta por un repertorio de roles estereotipado, que son como «trajes a medida» para las situaciones que nos presenta la vida mecánica.

 

Todos y cada uno de los días de nuestra existencia, actuamos mecánicamente reaccionando de manera estereotipada ante los estímulos de nuestra vida cotidiana. Somos prisioneros de hábitos y de esquemas que forman nuestra Personalidad, la cual recubre e inhibe a nuestra Esencia.

 

En la vasta mayoría de las personas, la Esencia suele estar dominada por la Personalidad y con escasas posibilidades de manifestarse.

 

¿Qué es la Personalidad? Es una máscara que no nos es propia. La Personalidad la aprendemos desde el día que nacemos. Nuestros padres hacen su mejor intento de educarnos, pero muchas veces fallan. Luego la escuela completa la tarea y agranda el fracaso.

Tanto nuestros padres como educadores, inoculan sus propias falencias y miedos a través de falsas creencias, ideologías, orgullo y hasta vergüenza injustificada. Estas son las que en Cuarto Camino se llaman «Influencias A».

 

De este modo, la Personalidad se expresa como nuestra falsa identidad y rara vez es una sino con múltiples facetas. El Evangelio de Marcos (5.9) describe claramente a la Personalidad: «Legión me llamo, porque somos muchos»

De acuerdo a nuestro entorno y medio donde actuemos, podemos manifestar varias «sub-personalidades» rotativas, por ejemplo: obsecuentes con nuestros superiores, tiránicos con nuestros subordinados, egoístas con nuestras parejas, rencorosos hacia nuestros padres, envidiosos con nuestros compañeros de trabajo, hipócritas con nuestros amigos y así hasta el infinito.

En el «Cuarto Camino» (o «El Camino del Hombre Astuto» como también lo denominaba el Sr. Gurdjieff), iremos demoliendo la Personalidad y de entre sus escombros, surgirá nuestra Esencia desarrollada y nuestros cinco centros equilibrados.

Debe quedar claro que la Personalidad es necesaria para un desarrollo armónico, pero los cinco centros y ella misma, deben estar bajo el gobierno de la Esencia.