Georgi Ivanovitch Gurdjieff

(1874-1949)

El Sr. Gurdjieff nació el 13 de Enero del año 1874 en la ciudad armenia de Gyumri  (luego bautizada Alexandropol, cuando estuvo bajo dominio  ruso desde 1837 hasta 1924). Su lugar de crianza era realmente cosmopolita, de madre Armenia y padre Griego, aprendió ambos idiomas a la perfección.

Por las condiciones demográficas y multiculturales de su entorno, fue inevitable que el Sr. Gurdjieff también adquiriera maestría en los idiomas turco y ruso, con la salvedad de que su destreza, se refería al idioma turco previo a la revolución cultural de Kemal Atatürk, quien occidentalizó a Turquía y a su idioma a partir de 1923.

En el caso del ruso, su dominio lingüístico es el correspondiente al idioma de uso común, previo al impulso de la severa reforma ortográfica, que fue introducida por los jerarcas bolcheviques de la revolución de Octubre de 1917, para supuestamente «proletarizar» su lenguaje.

 

Los idiomas persa, mongol y tibetano tampoco escaparon a su poliglotismo. El Sr. Gurdjieff llegó a dominar 18 idiomas y dialectos distintos.

Si bien existen controversias acerca del año exacto de nacimiento del Sr. Gurdjieff, hay al menos una ocasión en la que él mismo, al dictar una conferencia en New York durante 1924, expresó textualmente acerca de su edad: «Yo razono de esta manera: soy un pequeño hombre. Sólo he vivido 50 años, y la religión ha existido por miles de años», con lo cual podemos aseverar que él posiblemente haya nacido en 1874. (Se puede leer esta afirmación en  «Perspectivas desde el Mundo Real» - Nueva York 20 de Febrero 1924-  "Afirmación y Negación", Pág. 182 - Edición Hachette-Ganesha)

Entre aproximadamente los años 1888 y 1909, el Sr. Gurdjieff realizó un recorrido de búsqueda y recopilación de antiguas tradiciones espirituales, que lo llevó a visitar numerosos países del norte de África y Asia como: Egipto, Persia, Turquestán, Pakistán, Afganistán, Turkmenistán, Mongolia y el Tibet.

En estos distantes lugares, se encontraban desperdigados los fragmentos de una enseَñanza antigua que él pretendía no sólo investigar, sino también posteriormente ofrecer a Occidente, pero en un formato apto para la idiosincrasia racionalista y positivista de comienzos del siglo XX.