La Comprensión Relativa del Tiempo

Nuestro maestro, G.I. Gurdjieff, dedicó un capítulo entero de Relatos, el XVI titulado “La Comprensión Relativa del Tiempoˮ, a analizar nuestros conceptos fantasiosos acerca del transcurso del tiempo y respecto de cómo nuestra imaginación mecánica ha influido sobre su apreciación.

Dice Belcebú: “Antes de relatarte más acerca de los seres tri-cerebrados que te han cautivado y que proliferan en el planeta Tierra, es en mi opinión absolutamente necesario para ti, para una clara representación de la rareza de su psiquis y, en general, para una mejor comprensión de todo aquello que concierne a este peculiar planeta, tener ante todo una representación exacta de su cálculo del tiempo, y de cómo ha gradualmente cambiado la sensación-del-ser de lo que se llama el ʻproceso-del-flujo-del-tiempoʼ en las presencias de los seres tri-cerebrados de aquel planeta y también como este proceso ahora fluye allá en las presencias de los seres tri-cerebrados contemporáneos."

 

Una de las percataciones que siempre llamó nuestra atención, tiene que ver con los denominados últimos cuatro meses que componen nuestro actual Calendario Gregoriano. Nos referimos, a los meses de Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre.

No hay que ser un experto en Latín para intuir que las raíces de estos meses aluden a números ordinales. Por caso, Septiembre (Séptimo), Octubre (Octavo), Noviembre (Noveno) y Diciembre (Décimo).

Pero hete aquí, que Septiembre no es el séptimo sino el noveno mes del año, Octubre no es el octavo sino el décimo mes, Noviembre no es el noveno sino el onceavo mes y Diciembre no es el décimo sino el doceavo. ¿Cómo se explica esta aparente discrepancia?

Volvamos al Cap. XVI de Relatos:

            “Para la definición de la duración de éste su ʻmesʼ, ellos toman el tiempo de aquel período completo durante el cual el fragmento mayor -que fue separado de su planeta y que ahora llaman Luna- hace, debido a las mismas leyes cósmicas de ʻCaídaʼ y ʻAlcance,ʼ su ʻrevolución-Krentonalnianaʼ completa en relación a su planeta.

            “Debe notarse que las doce ʻrevoluciones-Krentonalnianasʼ de dicha Luna no corresponden exactamente a una única ʻrevolución-Krentonalnianaʼ de aquel planeta alrededor de su sol y que por lo tanto ellos han hecho alguna u otra concesión cuando calculan éstos sus meses, para que así en la suma total más o menos puedan corresponderse con la realidad.

            “Además, ellos dividen éstos sus meses en treinta ʻdiurnidades,ʼ o, como ellos usualmente dicen, ʻdías.ʼ

            “Y a una diurnidad ellos la estiman como el lapso de tiempo durante el cual su planeta hace su ʻrotación-completaʼ durante la actualización de dichas leyes cósmicas."

 

Lo concreto es que la órbita del Planeta Tierra alrededor del Sol o Año Sidéreo no dura 365 días sino 365,2429 días. Asimismo, la órbita de la Luna alrededor de la Tierra no es de 30 días, sino de 29,5306 días. Y doce órbitas de la Luna alrededor de la Tierra representan 354,3672 días.

 

Tenemos además el concepto de Año Trópico, que está basado en la sucesión de las cuatro estaciones, y está comprendido entre los dos equinoccios vernales de Primavera y Otoño.

 

Por otra parte, doce órbitas de la Luna alrededor de la Tierra que equivalen a 354,3672 días (12 x 29,5306), que tampoco coinciden con el tiempo requerido para que la Tierra realice una órbita completa alrededor del Sol equivalente a 365,2429 días. Entre ambas rotaciones, existe una diferencia de 11 días, que explica la diferencia básica entre los calendarios lunares y los solares. 

    

En el año 1267, el fraile británico Roger Bacon corrió el riesgo de ser calificado como hereje al escribirle una carta al Papa Clemente IV, donde le informaba que el Año Calendario era 11 minutos más extenso que el Año Sidéreo (Solar),  y que esta discrepancia implicaba que se acumulara un día de atraso cada 128 años. El grave problema era que la Pascua se estaba celebrando en un día erróneo. Para comprender esto, conviene leer nuestra nota anterior titulada “Acerca de la Pascua, Easter y Pesaj.ˮ

 

Dijo Bacon: “El calendario es intolerable para la sabiduría, el horror de toda la astronomía, y un motivo de risa para un matemático. El tema en que pienso es la corrección del calendario.ˮ

 

Según Bacon, este desfasaje tuvo su punto inicial cuando el emperador Julio César impuso un nuevo  Calendario a partir del 1ro. de Enero del año 45 A.C., el que más tarde se denominó Calendario Juliano,  que es el aun utilizado por la Iglesia Ortodoxa y que difiere del Calendario Gregoriano (impuesto por el Papa Gregorio XIII) en un atraso de 13 días.

 

Fue justamente Julio César, quien reordenó el calendario, reubicando a Enero y Febrero que eran los meses onceavo y doceavo, es decir los dos últimos meses del año, como los dos primeros meses del nuevo calendario. Ahora se entiende la discrepancia de Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre que en el calendario previo al Juliano eran realmente los meses séptimo, octavo, noveno y décimo. En resumen, a partir de Julio César se considera que la duración del año se prolongaba por 365 días y 6 horas.

 

Sin embargo, el astrónomo egipcio Claudio Ptolomeo  (100-178 D.C.) había notado que en realidad la duración del Año Solar debía estimarse en 365 días, 5 horas y 55 minutos. Este acumulado de 5 minutos anuales fue la base del análisis de Roger Bacon unos 1.100 años después...

Esta fracción de 5 horas y 55 minutos acumulada a lo largo de cuatro años, es lo que justifica la necesidad de incluir un día adicional conocido como bisiesto, el cual compensa este desfasaje. 

 

Pero en realidad, la Luna fue el primer reloj de la humanidad. Sus cuatro fases transcurren en 29,5306 días. Esto determina que el Año Lunar es en realidad de 354,3672 días. Si a Bacon lo desvelaban 11 minutos, ahora el problema era mucho mayor, pues el Año Lunar terminaba 11 días antes que Año Solar de 365,2429 días. Era imposible compatibilizar ambos calendarios.

 

El día de 24 horas que usamos como hoy,  es una convención fundamentada en el Sistema Sexagesimal (a su vez basada en el número 60) que increíblemente se remonta a los Sumerios de hace 5.000 años y que a su vez fue imitada por los Babilonios que los sucedieron. Sin embargo, la órbita de la Tierra no se completa en 24 horas, sino en 23 horas y 56 minutos. No obstante, para no violentar la integridad de sistema sexagesimal adoptamos la convención de que el tiempo es 24 horas. Agregamos cuatro minutos todos los días para que cierren las cuentas.       

 

La ventaja del Año Babilónico era que el día se podía dividir en 24 horas, que por tanto se puede dividir por 6,  que también es divisor de 360. La base de este delirio era el fanatismo babilónico por la astrología, que como ya vimos en la nota titulada “Gurdjieff y la Astrologíaˮ, no sólo no tiene ningún fundamento, sino que además pretendía dividir arbitrariamente el día en dos ciclos de 12 horas cada uno, que a su vez se correspondieran con las 12 constelaciones preferidas por ellos...

 

Los primeros en corregir el error del Año Babilónico fueron los Egipcios, quienes practicando un Culto Solar se percataron del ciclo solar de 365 días y fracción, estableciendo un calendario compuesto por 12 meses de 30 días (equivalente a 360 días) y un decimotercer mes de apenas 5 días, según ellos agregado por el dios Thot, en cuyo transcurso nacieron los dioses Osiris, Isis, Horus, Neftis y Seth. Paradójicamente, fue el romance entre Cleopatra y Julio César durante el año 48 A.C., el que inspiró la admiración de este último por el Calendario Solar Egipcio y el que impulso la aplicación del Calendario Juliano inspirado en su afecto por Cleopatra.

 

Hasta entonces, el Calendario Romano era lunar, compuesto por sólo 10 meses y atribuido al rey Rómulo. El Año Nuevo Romano comenzaba el 21 de Marzo con el inicio de la Primavera. Y la verdad que algo de lógica tenía iniciar el año con el resurgimiento de la Naturaleza cuando culmina el invierno. De hecho, la celebración de la Pascua conmemora el renacimiento de la Naturaleza. Además el inicio de la Primavera (coincidente con la Pascua en el hemisferio norte) ocurre simultáneamente con la celebración del Nuevo Año en numerosas culturas.

 

El primer mes del Calendario Romano Lunar de 10 meses impuesto por el rey Rómulo era Martis (por el dios Marte), el segundo mes era Aprilis (quizás relacionado con la cría porcina), el tercero Mayo en homenaje a la diosa local Maia, el cuarto Junio por Juno la esposa del dios Júpiter. A partir del quinto mes se usó un criterio ordinal, por lo tanto el quinto fue Quintilis, el sexto Sextilis, luego September, después October, siguiendo con November y  terminando con December.

 

Este calendario lunar de 10 meses (cuya duración era de 304 días) fue reemplazado por el rey Numa que sucedió a Rómulo hacia el 700 años A.C., añadiendo dos meses adicionales que eran los últimos del año Januarius y Februarius, lo que permitió llegar a un Año Lunar de 354 días más un día extra en función del rechazo supersticioso que los romanos sentían por los números pares. En definitiva, el Calendario Romano Lunar del Rey Numa tuvo 355 días, faltándole 10 días y fracción para asemejarse al Calendario Solar Egipcio.

 

Cuando Julio César en el año 46 A.C. decidió reordenar el calendario, lo resolvió intercalando dos meses de 33 y 34 días respectivamente, entre los meses de Noviembre y Diciembre ya existentes, con lo cual ese año duró la friolera de 445 días y se lo denominó el Año de la Confusión.

 

Finalmente, Julio César trasladó el primer día del año que caía en Marzo al mes de Enero que estaba más próximo al solsticio de invierno. Después cambió la duración de los meses, agregando los diez días necesarios para llegar a 365. Creó un calendario de 12 meses alternados con duración de 30 y 31 días, a excepción de Febrero que los años normales tenía 29 días y en los bisiestos 30 días.

 

Más tarde y como homenaje (previo a su asesinato en el año 44 A.C.), el Senado Romano decidió homenajear a Julio César modificando el nombre del mes Quintilis (quinto mes) por Julius (Julio) en su honor.